Ruta en coche por Salzburgo, Viena, Bratislava y Budapest – Día 1

Cuando trabajas todas las navidades y apenas tienes cuatro días libres, apetece exprimirlos al máximo y tirar, por una vez, por el “quien mucho abarca, poco aprieta”. Porque abarcar algo ya es mejor que no abarcar nada en absoluto, ¿no? Hoy iniciamos el diario de viaje exprés de cuatro días por tres países y cuatro ciudades: nuestra ruta por Salzburgo, Viena, Bratislava y Budapest ¿Queréis descubrir cuáles son? De momento os adelanto que se trata de Europa Central… ¡Acompañadnos en esta aventura!
Ruta Salzburgo, Viena, Bratislava y Budapest
Tras todo el año trabajando, mi pareja y yo teníamos claro que las navidades las queríamos aprovechar bien y disfrutar un poco de nuestro tiempo libre. El problema: tan solo contábamos con cuatro días libres por Navidad, y no podíamos decidirnos entre pasar las fiestas con su familia, en Málaga, o la mía en Barcelona. Así pues, optamos por una solución justa para ambos: ir a tierra de nadie.
Después de comparar horarios y destinos, lo único que encajaba con nuestra disponibilidad (y nuestro bolsillo) era un vuelo a Salzburgo, Austria. Así que siendo muy previsores, a finales de septiembre ya teníamos los vuelos comprados, y la espera hasta el 25 de diciembre se hizo infinita. Pero en esta vida todo llega, y en cuanto nos dimos cuenta estábamos camino al aeropuerto cargados con maletas, ilusión, y mucho sueño encima.Ruta Salzburgo, Viena, Bratislava y Budapest
La ruta que habíamos planeado era la siguiente:
  • Día 1: Llegada a Salzburgo y visita de la ciudad.
  • Día 2: Alquilar coche y partir hacia Viena. Visitar la ciudad.
  • Día 3: Escapadita rápida a Bratislava y volver a Viena para terminar de verla. Día de relax y cuando nos apetezca, nos volvemos a Salzburgo.
  • Día 4: Visitar lo que quede por ver de Salzburgo.
Habíamos planeado dónde comer y qué visitar para no perdernos absolutamente nada. Sin embargo, el viaje acabaría siendo totalmente diferente a lo que teníamos en mente… Pero eso todavía no lo sabíamos; lo iríamos descubriendo sobre la marcha.
Ruta Salzburgo, Viena, Bratislava y Budapest
Paseo del hotel al centro

Volamos con Air Berlin el jueves 25 de diciembre saliendo de Hamburgo a las 13:20h y llegando a las 14:35h. El viaje transcurrió sin problemas y llegamos puntuales a la ciudad de Mozart. Lo primero que hicimos fue mirar cómo llegar del aeropuerto de Salzburgo al centro, y tuvimos la suerte de ver pasar justo en ese momento el autobús n° 2, que nos dejó en la estación central (Hauptbahnhof) en cuestión de 20 minutos por 2,50€ por persona. Las otras opciones eran los buses núms. 27 y 10, pero estos últimos tardan alrededor de 40 minutos. Teníamos reserva en el Motel One Salzburg Mirabell, y la verdad es que no nos arrepentimos de la elección, pues las instalaciones eran modernas, la cama cómoda y el baño, aunque no demasiado grande, genial.  Además, al centro histórico se llega en un bonito paseo de quince minutos bordeando el río Salzach. En bus desde el aeropuerto, os tenéis que bajar en la parada de Sant Julien Strasse, ya que os deja en la misma puerta. El desayuno correcto; aunque a mí me pareció suficiente, mi pareja confesó que esperaba más y que podría haber sido más completo. Nada más llegar, dejamos las cosas y salimos a explorar y hacer turismo. Serían aproximadamente las 15:30h y eso nos dejaba tan solo una hora de luz diurna para ver la ciudad en condiciones.

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Puente de Makartsteg

Cruzamos el puente peatonal Makartsteg, inundado por “candados del amor” (los venden por unos 6€ en tiendas de souvenirs), y nos quedamos impresionados con la maravillosa vista de la ciudad. Teniendo en cuenta que llevábamos sin comer desde el desayuno, lo primero que hicimos fue comprar un bosna (gran descubrimiento) en un puestecito callejero para, a continuación y sin esperarlo, darnos de frente con el maravilloso mercado navideño de la Plaza de la Residencia. Yo ya había visitado Salzburgo en dos ocasiones, pero nunca había visto la ciudad vestida de Navidad, y me dejé impresionar con cada rincón como si fuera la primera vez. En cuanto vi que en unos de los puestecitos navideños vendían Baumkuchen (también llamado Prügelkrapfen) no pude resistirme a comprar uno en honor a mi madre, gran amante de este dulce típico. Como nuestro plan inicial era cenar en el St. Peter Stiftskeller, el restaurante más antiguo de Europa Central, y todavía era pronto, comimos en otro de los puestos del mercado para estirar el hambre unas horitas más.

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Puestecitos de comida en el mercado navideño
Lo que pasa cuando visitas esta parte de Europa en invierno es que se hace tan pronto de noche y hace tanto frío, que la noción del tiempo se transforma, y después de caminar y callejear durante lo que parecieron horas, comprobamos en nuestros relojes que apenas eran las seis de la tarde. ¡Todavía teníamos todo el día por delante y ya habíamos visto casi toda la ciudad!
Decidimos que sería buena idea ir a tomar unas cervecitas al Augustiner Braustubl, un antiguo convento reconvertido en una enorme cervecería. Habíamos oído hablar muy bien al respecto, y como la gente suele comentar que se encuentra alejado del centro de la ciudad, decidimos ir haciendo camino y así hacer tiempo hasta la cena. No hagáis caso a las críticas de Internet: el convento está a apenas quince minutos caminando (y queda prácticamente delante del Motel One Salzburg Mirabell) y es facilísimo encontrarlo. Qué sorpresa nos llevamos cuando, al llegar, ¡estaba cerrado! Era 25 de diciembre así que, en parte, era de esperar.
¡Qué desilusión! Volvimos al centro y callejeamos buscando el típico bar tirado al que poder entrar y probar, al fin, la cerveza típica del lugar. Por más vueltas que dimos no hubo manera de encontrar uno, así que acabamos en un pub irlandés. Ir a Austria a beber cerveza en un irlandés no era el plan que teníamos en mente, pero no había otra cosa. Cuando salimos, intentamos recordar dónde quedaba el St. Peter Stiftskeller para ir a cenar… y no hubo manera.
Cansados ya de dar vueltas, nos metimos en el restaurante Zum Mohren (combinación entre restaurante indio, italiano y austríaco) y cenamos Goulash y Schnitzel, por comer algo típico de la zona. Pese a que el servicio era bastante mejorable, la comida estuvo exquisita y disfrutamos mucho.
Ruta Salzburgo, Viena, Bratislava y Budapest
Último paseo por el mercado navideño

Ya parecía una hora decente para retirarse, así que volvimos al hotel y disfrutamos de la que fue nuestra única noche tranquila y relajada en todo el viaje…

Destino Viena

Tras un primer día callejeando por Salzburgo, nuestro segundo día en la ciudad amaneció ligeramente nevado. Nuestro plan era bajar a desayunar a las 8:00h, estar en el aeropuerto a las 9:00h para recoger el coche, y con un poco de suerte llegar a Viena sobre las 11:30h. ¡El plan pintaba perfecto! Tendríamos todo el día para visitar la ciudad… o eso creíamos. Descubrid con nosotros cómo fue nuestro segundo día en la capital austríaca y cómo prosiguió nuestro viaje exprés por el centro de Europa.

Como os he adelantado, contábamos con llegar a Viena antes del mediodía para poder disfrutar de las pocas horas de sol que caracterizan a Europa Central en esa época del año. Sin embargo, conforme pasaba el tiempo me iba dando cuenta de que no lo íbamos a conseguir tan fácilmente… Íbamos con mucho retraso respecto a lo planeado. A cada hora que pasaba, yo miraba el reloj y añadía mentalmente una hora más a nuestra llegada a Viena. Tengo que reconocer que estaba algo bastante nerviosa e impaciente, pero si algo he aprendido de mi pareja es a que estar de vacaciones significa también disfrutar sin prisas de las cosas (¡sobre todo, del desayuno!).

Ya madrugamos bastante durante el año y vamos corriendo a todas partes como para que sigamos el mismo ritmo acelerado y estresado para cuatro días de vacaciones que tenemos… ¿no? Al fin y al cabo, eran las 9:00h de la mañana, ¡todavía teníamos tiempo! Finalmente, recogimos el coche a las 10:00h y llegamos a Viena a una hora decente.

El camino en coche, de una duración de dos horas y media, se nos pasó volando y disfrutamos de una combinación de paisajes nevados y cielos despejados. ¡Hasta vimos el sol! Eso sí, antes de todo revisamos el vehículo y seguimos los pasos que nos explicó Mar en su entrada sobre Consejos generales para el alquiler de coche. Si todavía no lo habéis leído, os recomiendo que le echéis un ojo, pues a nosotros nos fue muy útil para saber qué tener en cuenta tanto al recogerlo como al devolverlo. Ruta Salzburgo, Viena, Bratislava y Budapest

Primeras horas en Viena

Llegamos a Viena y aparcamos frente al hotel que habíamos reservado, el Hotel Donauwalzer. Nos decantamos por este porque las críticas estaban bien y hablaban maravillas del desayuno, aunque la verdad que la habitación -aunque bastante grande- era un poco vieja y el baño parecía más bien de la época de mi abuela. Pero kein Problem, no somos muy quisquillosos con esas cosas, y al día siguiente el desayuno efectivamente nos dejó bien satisfechos.

Dejamos las cosas y nos dirigimos a la parada de metro (U-Bahn) más cercana (a unos 5 minutos a pie) y compramos dos billetes individuales para un día. Aquí os dejo las fotos para que sepáis qué opciones debéis marcar en la máquina. No os preocupéis, ¡están también en español!Ruta Salzburgo, Viena, Bratislava y Budapest

  • Escogéis la opción llamada “24/48/72 Stunden Wien”
  • Elegís de cuántas horas queréis el billete de día
  • Seleccionáis el número de tarjetas (uno por pasajero, máximo 5 de golpe)
  • ¡No olvidéis validar el ticket! (Solo hará falta que validéis la primera vez)

Castillo de Sissi Emperatriz

Nuestra primera parada fue el que se conoce como el Palacio de Sissi Emperatriz (Schloss Schönnbrunn). Para llegar, debéis coger la línea verde (U4) y bajaros en la parada Schönbrunn. Al salir, solo debéis seguir al montón de gente que se dirige a la entrada del Palacio, hacia la derecha de la estación.

Ya había visitado el Schönnbrunn hacía unos años, y en mi mente se agolpaban las imágenes que presencié en persona, pero lo que vi no acabó encajando con lo que yo recordaba. Le vendí a mi chico que la visita a los jardines (no quisimos pagar entrada para ver la exposición por dentro) era algo increíble: “Vas a alucinar, son unos jardines preciosos llenos de flores”… Lo que no tuve en cuenta es que, en pleno diciembre, lo único que había en el césped eran unas marcas marrones que indicaban que en algún momento del año había habido flores…

Así pues, aunque el paisaje seguía siendo bonito, en invierno pierde bastante y no resultó tan impresionante como esperábamos. Dimos un breve paseo por el parque y regresamos a la entrada del Palacio, donde había un mercadillo navideño con puestecitos de comida. Llevábamos sin comer nada desde el desayuno, y entre unas cosas y otras ya eran las cinco de la tarde.

Probamos un par de platos típicos y nos tomamos una cerveza salzburguesa (sí, ir a Viena para tomar una cerveza de Salzburgo tampoco es de lo más normal) y cuando estuvimos satisfechos y con el estómago lleno nos dirigimos al centro de la ciudad.Ruta Salzburgo, Viena, Bratislava y Budapest

Centro de Viena

Una vez más, lo que vi no se correspondía con lo que yo recordaba. Visitar una ciudad en verano con luz diurna y buen tiempo no es lo mismo que hacerlo en invierno con el frío y la oscuridad, pues parecen dos ciudades distintas. Aprovechando que cogíamos la línea U4 desde Schönbrunn, nos bajamos en la parada Karlsplatz y salimos directamente a la Ópera.

Justo a un lateral de este edificio nos topamos con el Café Sacher, el lugar por excelencia donde tomar una mítica Tarta Sacher. Desde que vi que otros viajeros como Una estudiante por el mundo habían disfrutado de algo tan típicamente vienés, tuve claro que nada impediría que yo hiciera lo mismo. Sin embargo, la cola daba toda la vuelta al edificio del Hotel Sacher y decidimos volver más tarde.

Así pues, nos dirigimos a la Albertina y, tras esquivar y dar largas a un par de personajes disfrazados de época que intentan venderte entradas para conciertos de música clásica, tomamos una calle sin rumbo fijo y, caminando caminando, llegamos a la zona de los museos, el Museumsquartier. En resumidas cuentas, es un meollo de edificios impresionantes y museos. Dimos una vuelta por la zona y vimos todo lo que la cerrada noche vienesa nos permitió.Ruta Salzburgo, Viena, Bratislava y Budapest

Teníamos tanto frío que tomamos un bus para volver al punto de partida sin saber exactamente en qué dirección íbamos. Por suerte, este pasaba cerca de nuestro destino y solo tuvimos que caminar un poquito para llegar de nuevo al Café Sacher. Eran cerca de las siete de la tarde y la cola esta vez era cortísima, por lo que no tuvimos que esperar mucho. (Consejo: sobre las 19:30 no había cola en absoluto, por lo que os recomendamos acudir a partir de entonces si queréis ahorraros la espera).

Entre que entrábamos y no, se puso a nevar, y una vez dentro la estampa era de ensueño. Un lugar precioso decorado al estilo de la época, sentados cerca de la ventana y tomando un café calentito mientras afuera nevaba. Yo que llevaba tanto tiempo soñando con tomarme una típica tarta Sacher en el café que lleva su nombre, a la hora de pedir no se me ocurre otra cosa que ¡decantarme por un Apfelstrudel! Mi pareja casi me mata. “¿En serio llevas esperando tanto tiempo para entrar, para al final tomarte un Apfelstrudel, que eso te lo puedes tomar en cualquier otro sitio?”.

Cuanto más me lo decía, más graciosa me parecía la situación. Ir al Café Sacher y pedirse una tarta de manzana. Al final le hice caso y nos pedimos una tarta Sacher cada uno y un par de cafés. Debo decir que el pastel o tarta de chocolate no es precisamente mi postre favorito, pero esta estaba realmente rica, y disfrutamos de una de las pocas experiencias típicas que teníamos en nuestra lista de cosas pendientes para el viaje.Ruta Salzburgo, Viena, Bratislava y Budapest

Al salir, y todavía nevando, paseamos por la calle peatonal para comprar souvenirs y vimos la catedral (Stephansdom) iluminada por las luces de la calle. Decidimos que sería una buena idea ir a un pub tirado a tomar una cerveza vienesa, pero de nuevo, por más vueltas que dimos, no dimos con ningún sitio que no fuera un restaurante de comida rápida para llevar (Trafik, Kiosk o Imbiss, que se llaman).

Queríamos ir a cenar al famosísimo restaurante Centimeter II, pero no teníamos encima las indicaciones para llegar, y no podíamos preguntar a nadie porque no teníamos Internet en el móvil y no recordábamos el nombre exacto. Tomamos rumbo al hotel con la intención de consultar la dirección rápidamente y dirigirnos hacia allá. Sin embargo, una vez puse un pie en la habitación me pudo el cansancio y, viendo que el restaurante estaba a 45 minutos caminando, acabamos bajando al McDonald’s de la calle de al lado y comiendo una hamburguesa.

Ruta Salzburgo, Viena, Bratislava y Budapest
Catedral de San Esteban

Estaba tan cansada y tenía tanto frío, que en realidad no tenía ni hambre. Además, había apretado y nevaba bastante, así que dimos por finalizado el día. Al día siguiente nos esperaba un tute aún más intenso, pero eso nosotros todavía no lo sabíamos…

Ruta Salzburgo, Viena, Bratislava y Budapest

Teníamos claro que esa mañana conduciríamos hasta Bratislava, pues apenas se tarda una hora, y que el resto del día lo pasaríamos paseando con calma por la capital eslovaca y terminando de ver lo que nos quedara pendiente en Viena. Sin embargo, un cambio de planes a última hora añadió una cuarta ciudad a nuestro planning, así como un tercer país.

Destino Bratislava

Esa mañana nos despertamos temprano y, después de un buen desayuno, nos dirigimos hacia Bratislava, capital de Eslovaquia. Callejeamos por la ciudad y buscamos las famosas estatuas de las que ya os hablamos en este post, e hicimos fotos a los bonitos edificios con su peculiar estilo tan típico de los países del este.

Una vez más iniciamos la búsqueda de un pub tirado en el que tomar una cerveza eslovaca antes de marchar, y de nuevo volvimos a fracasar en el intento. ¿Qué estaba pasando en este viaje que no podíamos hacer algo tan simple como tomarnos una birra tan tranquilos en un bar lugareño? Teníamos en nuestra lista de cosas pendientes ir a comer al Slovak Pub, pero la verdad es que era bastante pronto y no teníamos hambre, así que lo dejamos estar.

Ruta Salzburgo, Viena, Bratislava y Budapest

Tras visitar el castillo y el resto de la ciudad, y en vistas de que nos íbamos a quedar sin tomarnos una cerveza en condiciones, entramos en un súper y compramos algunas para llevarlas a nuestros amigos como souvenir de vuelta a casa. Una última vuelta por la ciudad, y estábamos listos para marcharnos.

Ruta Salzburgo, Viena, Bratislava y Budapest

Justo cuando estábamos a punto de dejar atrás la ciudad, vimos un cartel. No puede ser, ¿es eso un bar? ¿Y está abierto? ¡Sí! Entramos y sin pensarlo dos veces nos pedimos no una ni dos, ¡sino tres cervezas! Era cierto lo que decían sobre los países a este lado de Europa: la cerveza está baratísima. Si no recuerdo mal, el medio litro salía a 1,30€. Para celebrar que al fin podíamos hacer algo que teníamos pendiente desde el primer día de viaje, me bebí una cerveza de medio litro (mi pareja apenas se tomó una pequeña, pues tenía que conducir) y compartimos a medias una tercera cerveza negra.

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Ahora sí que sí, con calorcito en el cuerpo para soportar este frío ya estaba lista para lo que hiciera falta. Volvimos al coche e introdujimos un nuevo destino en el navegador: Budapest. No estaba en los planes, en absoluto. Pero aquí el conductor estaba motivado y se sentía capaz de todo, y ya que habíamos visto que la capital húngara se encontraba apenas a dos horas conduciendo, y que nos habíamos encontrado con infinidad de paneles en la carretera mientras conducíamos, allá que nos fuimos. ¡A por el tercer país de la ruta!

Destino Budapest

Ruta Salzburgo, Viena, Bratislava y Budapest

Contentísimos por nuestro improvisado cambio de planes, condujimos durante un buen rato, todavía sin comer (desde el desayuno), y paramos en una gasolinera a reponer combustible y tomar un café. Sinceramente, no teníamos ni idea de en qué país estábamos. El idioma que sonaba en la radio era rarísimo, y desde luego no entendíamos ni un cartel. Fue gracias al recibo de la gasolina que descubrimos que ya estábamos en Hungría. ¡Budapest estaba cada vez más cerca!

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Cuando al fin llegamos a la ciudad, atravesamos sin saberlo uno de los famosos puentes que separan Buda de Pest y pasamos, también sin darnos cuenta, muy cerca del Parlamento. Aparcamos donde pudimos y nos enfrentamos a la siguiente realidad: Nos quedaba media hora de luz diurna. No teníamos dinero húngaro (florines, según pudimos comprobar en la gasolinera, donde nos hicimos una chapucera relación Euro-Florín apuntada a boli en un recibo arrugado). Tampoco sabíamos dónde estaba lo que teníamos que visitar. Ni teníamos mapa. ¡Por no tener, no teníamos ni una referencia de nombre para introducir en el navegador del coche!

Como preguntando se llega a todas partes, descubrimos que estábamos a un buen rato caminando del centro, y nos quedamos con el nombre del lugar a donde debíamos acudir para ir al Parlamento (Kossuth Lajos tér, como para acordarse). Nos metimos en una cafetería a pedir Wi-Fi y anotamos los puntos más importantes para dirigirnos hacia allá con el coche.

¿Qué decir de Budapest? Las vistas del Parlamento desde el Bastión de los pescadores son una pasada, y el paseo a orillas del río, aunque en la oscuridad y el frío del invierno húngaro, fue espectacular. Para entrar al Bastión de los pescadores en coche, debéis pagar. Os aconsejamos desviaros por una cuesta abajo que hay justo a la izquierda, y allí encontraréis un aparcamiento perfecto, gratuito, y con vistas directas al Parlamento.

Ruta Salzburgo, Viena, Bratislava y Budapest

Mientras volvíamos hacia el coche, le comentaba a mi pareja que, según había leído, a orillas del Danubio había un memorial a los judíos arrojados al río en forma de zapatos, pero que por desgracia no sabía a qué lado del puente quedaba, ni si estábamos siquiera en la orilla correcta. ¿Estábamos en Buda, o en Pest?

Mientras se lo iba contando, él avistó un grupo de gente apenas a unos metros de nosotros, y le pareció ver lo que eran un montón de zapatos en la orilla. ¡Era el memorial! Tuvimos muchísima suerte, ya que estábamos a punto de dar media vuelta y marcharnos. Para quienes queráis encontrarlos, debéis ir a la calle del Parlamento y situaros en el lateral izquierdo del edificio. Allí, un poquito más a la izquierda todavía, encontraréis los zapatos.

Ruta Salzburgo, Viena, Bratislava y Budapest

Volvimos al coche, eran ya las seis de la tarde. Con un poco de suerte, y si lo hacíamos del tirón, tardaríamos cinco horas en volver a Salzburgo, llegando sobre las once de la noche. Podríamos devolver el coche en el aeropuerto y de ahí coger un taxi al hotel, pues iríamos cargados con las maletas. Sin embargo, una vez más la realidad fue distinta a lo que teníamos en mente….

Cuando apenas llevábamos un rato conduciendo, comenzó a nevar y no paró en ningún momento. Al contrario, cada vez nevaba más fuerte y nos venía la nieve de frente. A una hora indeterminada de la noche, quizá sobre las once, paramos en una gasolinera para comer algo. Llevábamos sin comer desde el desayuno, y apenas entonces nos dimos cuenta de que teníamos bastante hambre. Estábamos agotados, y tras un buen Schnitzel con patatas retomamos la ruta hacia Salzburgo. Cometí el error de quedarme dormida durante media hora, y cuando abrí los ojos vi a mi chico pegado al volante y mirando con dificultad a la carretera. ¡Estaba tan nevado que no se veían las líneas del suelo! Me pidió que me mantuviera despierta y le entretuviera ya que todavía nos quedaban dos horas de camino, y él estaba que se caía de sueño.

Ruta Salzburgo, Viena, Bratislava y Budapest

Finalmente, no sé cómo, entre canciones de la radio y conversaciones, llegamos a Salzburgo. Parecía que nunca iba a llegar el momento pero al fin, a las dos y media de la madrugada, entramos en la habitación y nos dejamos caer en la cama muertos de sueño. Finalmente decidimos devolver el coche a la mañana siguiente (teníamos hasta las 10:00h para dejarlo en el aeropuerto) por lo que, al contrario de lo que nos apetecía, no podíamos dormir hasta tarde sino que a la mañana siguiente había que volver a madrugar.

Último día en Salzburg

Ruta Salzburgo, Viena, Bratislava y Budapest

Todo lo bueno llega a su fin, y como no podía ser de otra manera nuestro viaje por Europa Central estaba acabando. Los tres días anteriores los pasamos viajando en coche de aquí para allá y visitando ciudades “con el turbo puesto”. Así pues, en cuestión de horas visitamos ciudades como Viena, Bratislava y Budapest. Para compensar, nuestro último día aprovechamos para pasear con calma, despreocupados, admirando el paisaje. Al inicio de nuestro viaje, habíamos dejado atrás Salzburgo con una ligera capa de nieve pero, al regresar dos días más tarde, lo que hallamos fue una estampa totalmente blanca. No os perdáis nuestro último día visitando esta preciosa ciudad.

La noche anterior habíamos llegado a Salzburgo a las 2:30h de la madrugada y, al contrario de lo que nos habría gustado, no pudimos dormir hasta “tarde” porque debíamos devolver el coche a las 10:00h. Así pues, madrugamos de nuevo, desayunamos y nos dirigimos hacia el aeropuerto a dejar el vehículo. El hotel que escogimos esta vez fue el Atel Hotel Lasserhof, cercano a la estación de trenes. Aunque la sala del comedor era bastante pequeña, el desayuno estaba bien.

Nuestra habitación era realmente pequeña, pero estábamos tan cansados al llegar que poco nos importó. Como punto positivo podemos decir que, pese a llegar a horas tan intempestivas de la noche, en la recepción nos esperaba un señor para darnos la llave, y que al día siguiente pudimos dejar las maletas en un cuartito durante todo el día mientras visitábamos la ciudad.

Ruta Salzburgo, Viena, Bratislava y Budapest

¡Así no se puede conducir!

Visita a la ciudad

Con el estómago lleno y la conciencia tranquila de haber devuelto el coche justo a tiempo y sin rasguños, nos dirigimos hacia el centro de la ciudad tomando el bus número 27 que, aunque tardó más (40 minutos en lugar de 20) porque dio bastante rodeo, nos dejó en pleno casco antiguo de la ciudad, junto a los puentes que cruzan el río. Salzburgo estaba totalmente enterrado bajo la nieve: el paisaje era completamente blanco y nevaba bastante, lo cual fue toda una experiencia. Decidimos tomar el funicular que sube a la fortaleza y compramos el billete completo que incluye funicular + entrada al castillo. Aquí os dejo la información sobre la visita a la fortaleza de Salzburgo.

Ruta Salzburgo, Viena, Bratislava y Budapest

La visita es realmente interesante, pues hay exposiciones de todo tipo de objetos de la época. Lo que más nos gustó fueron las vistas, y es que aunque en las fotografías no se aprecia mucho (se ve una imagen en blanco por la nevada que estaba cayendo), ver Salzburgo cubierto de nieve desde lo alto es un panorama muy bonito que merece la pena presenciar.

Ruta Salzburgo, Viena, Bratislava y Budapest Ruta Salzburgo, Viena, Bratislava y Budapest Ruta Salzburgo, Viena, Bratislava y Budapest

Tras la obligada visita a la fortaleza y un curioso e inesperado paseo por el cementerio (no contábamos con que estuviera tan cerca), bajamos y nos dimos de frente con la Gruta del Amor (Liebesgrotte), que se encuentra justo a la salida del recinto del funicular. Según el cartelito, el amor de quienes se besen en la gruta se hará eterno. Me pareció muy dulce ver una pareja entrar con su hija y besarla los dos a la vez; fue una estampa emotiva.

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Cerveza en Augustiner Braustubl

Hicimos lo propio y nos dirigimos de nuevo al centro de la ciudad. Paseamos por las callecitas y disfrutamos del ambiente animado de la ciudad mientras comprábamos algún que otro souvenir para los amigos y nos nevaba encima, literalmente. Pasado el mediodía decidimos que ya era hora de volver a darle una oportunidad al Augustiner Braustubl, ya que nuestro intento de tomarnos una cerveza allí el primer día había fracasado, como ya os contamos.

Llegamos y ¡sorpresa! Estábamos de suerte, el convento abría en media hora. Así, hicimos tiempo paseando por la zona y cuando fue la hora y se abrieron las puertas, entramos entusiasmados. El lugar por dentro es impresionante: hay tres salas enormes al estilo comedor de Harry Potter, y en cuestión de minutos el lugar se llenó de gente. A la entrada, se ha de seleccionar la jarra en la que queremos beber (las hay de medio litro o de un litro), se paga la jarra y a continuación se limpia en la fuente. Por último, un hombre llena la jarra hasta arriba de cerveza y ¡a buscar sitio a una de las salas!

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Compramos comida en uno de los puestos que hay en el pasillo que conecta la entrada con los comedores, y estuvimos bebiendo cerveza la mar de tranquilos refugiados del frío y rodeados de gente, jóvenes y abueletes. Tengo que decir que esa cerveza estaba muy buena.

¡Adiós, Salzburg!

Se acercaba la hora de marchar, con lo que caminamos hasta el hotel para recoger las maletas y dirigirnos al aeropuerto, donde aprovechamos para colocar estratégicamente las botellas de cerveza en la maleta facturada para que no se rompieran con el tute del viaje. Y se acabó. Volamos a Hamburgo sin problemas, cansados y tristes porque nuestra aventura había llegado a su fin. Eso sí, no hay nada como dormir en tu propia cama para dejar atrás las penas y entregarse, por fin, al tan ansiado descanso. Al día siguiente tocaba trabajar…

 

8 Comments
  1. Ufff sólo de leer tus líneas me dieron ganas de ir a Austria. Viví en Alemania un tiempo y he visitado varios países que quedan cerca mas nunca me planteé la idea de ir a Austria, no sé, me parecía que sería igual que ir a Alemania y quizás era un pensamiento demasiado cerrado e ignorante. Después de este día que pasaste en Salzburgo, ver tus fotos y la descripción de la comida, me plantearé ir a conocer. ¡Ya quiero saber a qué otro lugar fueron! 😉

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